El
Libro de los Cinco Anillos
es uno de los textos más importantes
sobre la lucha y la estrategia surgido
de la cultura guerrera japonesa. Escrito
originalmente no sólo para los hombres
de armas, pretende explícitamente simbolizar
procesos de lucha y de maestría en todos
los campos e intereses de la vida.
El
Libro de los Cinco Anillos
fue escrito en 1643 por Miyamoto Musashi,
duelista invicto, samurai sin señor
y maestro independiente. Musashi fue
un hombre de armas profesional nacido
en una larga tradición de cultura marcial
que al final llegó a dominar la totalidad
de la política y de la sociedad japonesas.
Sus intuiciones son relevantes, no sólo
para los miembros de la casta militar
gobernante, sino también para los dirigentes
de otras profesiones, así como para
las personas en búsqueda de la maestría
individual en cualquier camino de la
vida que escojan.
Puede verse
el surgimiento y el fortalecimiento
de la clase samurai en Japón en dos
términos utilizados para referirse a
sus miembros: samurai y bushi.
La palabra samurai procede del verbo
japonés saburau, que significa
"servir como ayudante". La palabra bushi
es una palabra chino-japonesa que significa
"pequeña aristocracia armada". La palabra
samurai fue utilizada por otras
clases sociales, mientras que los guerreros
se llamaban a sí mismos mediante el
término más digno bushi.
El Japón
de la Era Tokugawa fue dividido en más
de doscientas baronías, que fueron clasificadas
según su relación con el clan Tokugawa.
Los barones eran controlados por ciertos
métodos, que incluían la regulación
del matrimonio y de las herencias, el
intercambio de territorios y un elaborado
sistema de rehenes. Las baronías fueron
obligadas a minimizar sus contingentes
de guerreros, lo cual produjo que un
gran número de samuráis quedasen sin
empleo, y fueron conocidos como ronin,
u hombres errantes.
Muchos de
los samuráis privados de sus derechos
se hicieron maestros de escuela, médicos
o sacerdotes. Algunos más continuaron
practicando las tradiciones marciales
y enseñándolas a otros. Algunos más
se convirtieron en bandidos y criminales,
hasta llegar a ser posteriormente uno
de los problemas sociales más graves
de la última parte del periodo Tokugawa.
Algunas características de El Libro
de los Cinco Anillos provienen del
hecho de que Miyamoto Musashi fue un
samurai sin señor y siguió una carrera
como duelista y como maestro independiente
de artes marciales.
Titulado
con más propiedad El Libro de las
Cinco Esferas, la obra de Miyamoto
Musashi está dedicada a la guerra como
una empresa puramente pragmática. Musashi
censura la teatralidad vacía y la comercialización
de las artes marciales, centrando la
atención en la psicología y los movimientos
físicos del asalto letal y de la victoria
decisiva como esencia de la guerra.
Su enfoque científicamente agresivo
y absolutamente rudo de la ciencia militar,
aunque no es universal entre los practicantes
de artes marciales japonesas, representa
una caracterización altamente concentrada
de un tipo particular de guerreros samuráis.
Aunque alrededor
de sus espectaculares hazañas se formó
una gran leyenda, poco se sabe con certeza
de la vida de Miyamoto Musashi. Lo que
él cuenta de sí mismo en El Libro
de los Cinco Anillos constituye
la principal fuente de información histórica.
Mató a un hombre por primera vez a los
trece años, y por última vez cuando
tenía veintinueve. En algún momento
abandonó aparentemente la utilización
del "verdadero sable", pero continuó
infligiendo heridas mortales a sus adversarios
hasta el final de su carrera guerrera.
Musashi
pasó las tres últimas décadas de su
vida perfeccionando y enseñando su ciencia
militar. Se dice que nunca se peinó,
tomó un baño, se casó, construyó una
casa ni crió ningún hijo. Aunque también
se instruyó en las artes marciales,
como recomienda hacer a todo el mundo,
el mismo Musashi siguió básicamente
un camino ascético de guerrero hasta
el final.
Nacido en
la lucha, educado en el combate mortal,
testigo en definitiva de una transición
hacia una política de tiempos de paz
en una escala sin precedentes en la
historia de su nación, Miyamoto Musashi
abandonó una vida ordinaria para ejemplificar
y transmitir los elementos esenciales
de las antiguas tradiciones marciales
y estratégicas.
El primero
de estos principios básicos es mantenerse
internamente tranquilo y claro, incluso
en medio del caos violento; el segundo
es no olvidar la posibilidad del desorden
en tiempos de orden. Como guerrero de
dos mundos muy diferentes, un mundo
de guerra y un mundo de paz, Musashi
se vio obligado a practicar ambos aspectos
fundamentales de la vía del guerrero
de una forma intensa, añadiendo a su
trabajo una decisión y una velocidad
que difícilmente pueden ser superadas.
Desde que
los samuráis tomaron el poder en Japón,
siglos antes de que Musashi naciera,
los budistas habían estado intentando
civilizar y educar a los guerreros.
Esto no significa que la casta samurai
en general lograra ser imbuida de la
iluminación budista, o ni tan siquiera
del espíritu budista. Una de las principales
razones de esto fue que los budistas
habían estado ocupados, no sólo intentado
civilizar a los samuráis, sino también
intentando clarificarse y solventar
sus propias contradicciones. El budismo
estaba muy ocupado en las tareas de
enterrar a los muertos, acoger y educar
a los muchos niños huérfanos producidos
por la guerra, la pobreza, o que eran
abandonados por ser hijos ilegítimos,
y en dar refugio a la viudas abandonadas
o que sufrían abusos.
En consecuencia,
en la relación entre el zen y los samuráis,
el maestro no se dejaba llevar por el
nivel del estudiante. Si, como ha sido
sugerido por algunos apologistas, las
artes marciales han de ser consideradas
como la forma más elevada de estudio
en Japón, los maestros zen habrían sido
los estudiantes de los guerreros, y
no al revés.
El dominio
prolongado del Japón por la casta guerrera
fue una anomalía en los asuntos humanos,
como queda reflejado por su discordancia
con los ideales nativos japoneses y
en general con las ideas sociopolíticas
de Extremo Oriente. Por la forma en
que se estableció el gobierno militar
por medio de la fuerza, éste quedó destinado
a adecuar los ideales sociales y filosóficos
tradicionales que decía profesar.
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Prólogo
La ciencia
de las artes marciales llamada Escuela
Personal de los Dos Cielos es algo que
he estado perfeccionando muchos años.
Ahora, deseando revelarla en un libro
por primera vez, he ascendido al Monte
Iwato, en la provincia de Higo,
provincia de Kyushu. Inclinándose
ante el cielo, venerando a Kanon,
me sitúo frente a Buda. Soy Shinmen
Musashi no Kami, Fujiwara no
Genshin, guerrero nacido en la provincia
de Harima, de sesenta años de
edad.
He dedicado
mi espíritu a la ciencia de las artes
marciales desde que era joven, hace
mucho tiempo. Tenía trece años cuando
tuve mi primer duelo. En aquella ocasión
gané a mi adversario, un maestro de
artes marciales llamado Arima Kihei,
perteneciente a la Nueva Escuela de
la Precisión. A los dieciséis años vencí
a un poderoso maestro de artes marciales
llamado Akiyama, de la provincia
de Tajima. Cuando tenía veintiuno,
me fui a la capital y conocí a maestros
de artes marciales de todo el país.
Aunque participé en numerosos duelos,
nunca dejé de alcanzar la victoria.
Después
viajé de provincia en provincia, encontrando
maestros de artes marciales de varias
escuelas. Aunque participé en más de
sesenta duelos, nunca perdí. Todo ello
tuvo lugar entre los trece y veintinueve
años.
Cuando cumplí
los treinta años y reflexioné sobre
mis experiencias, me di cuenta que no
había salido victorioso a causa del
logro consumado de las artes marciales.
Quizá fue porque poseía una capacidad
intrínseca para esta ciencia y no me
había desviado de los principios naturales.
También puede haber sido debido a fallos
de las artes marciales de las demás
escuelas. En cualquier caso, practiqué
a continuación día y noche hasta alcanzar
un principio todavía más profundo, y
espontáneamente llegué a la ciencia
de las artes marciales. Tenía cincuenta
años en esa época.
Desde entonces
he pasado el tiempo sin tener ninguna
ciencia en la que investigar. Confiando
en la ventaja de la ciencia militar,
tal como la he convertido en la ciencia
de todas las artes y técnicas, no tengo
maestro en ningún camino.
Ahora, al
escribir este libro, no tomo nada de
los viejos dichos del budismo ni del
confucianismo, y utilizo viejas historias
de narraciones militares o sobre la
ciencia militar. Teniendo al Cielo y
a Kanon como espejos, tomo el
pincel y empiezo a escribir, a las cuatro
de la madrugada del décimo día del décimo
mes, en el año 1643.
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El Manuscrito
de la Tierra
Las artes
marciales son la forma de vida del guerrero.
Especialmente los oficiales deberían
practicar estas artes, y los soldados
deben también conocer esta forma de
vida. En la actualidad no existen guerreros
con un cierto conocimiento de la vía
de las artes marciales.
Antes de
nada, pongamos un ejemplo sobre lo que
es una forma de vida. El budismo es
una vía para ayudar a la gente; el confucianismo
es una vía para reformar la cultura.
Para el médico, curar es una forma de
vida; un poeta enseña el arte de la
poesía.
Otras personas
se dedican a predecir el futuro, al
tiro al arco o a otras diversas artes
o disciplinas. Las personas practican
las vías a las que se sienten inclinadas
y desarrollan sus preferencias individuales.
Pocas personas son aficionadas a la
vía marcial de la vida. Ante todo, la
vía de los guerreros significa familiaridad
con las artes culturales y marciales.
Aunque sean torpes en ellas, los guerreros
deben fortalecer personalmente sus propias
artes marciales tanto como puedan sus
propias circunstancias.
La gente
piensa normalmente que todos los guerreros
reflexionan sobre el hecho de estar
preparados para morir. En lo que se
refiere a la vía de la muerte, ésta
no se limita a los guerreros. Los monjes
mendicantes, las mujeres, los campesinos,
e incluso aquellos que pertenecen a
las clases que están por debajo de ellos,
conocen su obligación, se avergüenzan
de descuidarla y se resignan a la muerte;
en esto no hay ninguna distinción. La
vía marcial de vida practicada por los
guerreros se basa en superar a los demás
en todo y en cualquier cosa. Ya sea
mediante la victoria en un duelo individual,
o ganando una batalla frente a varias
personas, uno piensa en servir a los
intereses de quien lo emplea, en servir
los propios intereses, en llegar a ser
bien conocido y en estar socialmente
establecido. Todo ello es posible mediante
el poder de las artes marciales.
Sin embargo,
habrá personas en el mundo que piensen
que aunque uno aprenda las artes marciales,
no le servirán de nada cuando surja
una necesidad real. A este respecto,
la verdadera ciencia de las artes marciales
significa practicarlas de tal forma
que sean útiles en cualquier ocasión,
y enseñarlas de tal forma que sean útiles
en todos los caminos.
Sobre
la ciencia de las artes marciales
En China
y en Japón, los practicantes de estas
ciencias han sido tradicionalmente llamados
maestros de las artes marciales. Los
guerreros no pueden dispensarse de aprender
esta ciencia.
Las personas
que viven de las artes marciales en
la actualidad sólo se ciñen a la esgrima.
Los sacerdotes de los templos Kashima
y Kantori, de la provincia de
Hitachi, han fundado este tipo
de escuelas, afirmando que sus enseñanzas
han sido transmitidas por los dioses,
y viajan de provincia en provincia transmitiendo
a la gente sus enseñanzas; pero esto
es realmente un fenómeno reciente.
Entre las
artes y disciplinas de las que se habla
desde la Antigüedad, el denominado arte
de la ventaja ha sido incluido como
una disciplina; así, una vez que hablamos
del arte de la ventaja, no puede limitarse
llegar a ser sólo la esgrima. Incluso
la misma esgrima difícilmente puede
ser conocida, si se consideran únicamente
cómo ganar sólo mediante el arte del
sable; está fuera de cuestión que sea
posible alcanzar el dominio de la ciencia
militar de este modo.
Cuando miro
a la sociedad, veo que la gente convierte
las artes en ganancias comerciales;
se considera a sí misma como mercancía
e incluso lleva a cabo mejoras como
si fuera un objeto de comercio. Distinguiendo
lo superficial y lo sustancial, encuentro
que esta actitud tiene menos realidad
que la decoración.
El campo
de las artes marciales abunda particularmente
de esgrimas victoriosas, con popularización
comercial y aprovechamiento por parte
de aquellos que enseñan la ciencia y
de aquellos que la estudian. La consecuencia
de esto es que, como alguien ha dicho,
"las artes marciales de aficionados
son origen de graves heridas".
Hablando
de forma general, existen cuatro formas
de vida: la forma de vida del caballero,
la del campesino, la del artesano y
la del comerciante.
En primer
lugar, está la forma de vida del campesino.
Los campesinos preparan todo tipo de
herramientas agrícolas y pasan años
prestando constantemente atención a
los cambios de las cuatro estaciones.
Ésta es la forma de vivir del campesino.
En segundo
lugar, está la forma de vida del comerciante.
Quienes elaboran licor obtienen los
diversos utensilios requeridos y viven
de los beneficios que obtienen según
la calidad de lo que producen. Cualquiera
que sea el negocio al que se dediquen,
los comerciantes viven de los negocios
que ganan conforme a su posición particular.
Ésta es la forma de vivir del comerciante.
En tercer
lugar, en lo que se respecta al caballero
guerrero, esta vía implica construir
toda clase de armas y comprender sus
diversas propiedades. Esto es algo imperativo
para los guerreros; ignorar la maestría
de las armas y la comprensión de las
ventajas específicas de cada una de
ellas sería indicar una falta de cultura
de un miembro de una casa guerrera.
En cuarto
lugar, está la forma de vida del artesano.
Si se toma como ejemplo la forma de
vida del carpintero, ésta implica la
fabricación habilidosa de toda clase
de herramientas, saber cómo utilizar
cada una de ellas con pericia, dibujar
correctamente los planos sirviéndose
de la escuadra y de la regla y vivir
mediante una práctica diligente de sus
técnicas.
Éstas son
las cuatro formas de vida: de los caballeros,
los campesinos, los artesanos y los
comerciantes. Descubrirá la ciencia
de las artes marciales comparándola
con la disciplina del carpintero.
El carpintero
se utiliza como una metáfora con referencia
al concepto de casa. Hablamos de casas
aristocráticas, casas militares y casa
de las artes; decimos que una casa se
derrumba o que una casa se mantiene;
y también hablamos de tal o cual tradición,
estilo o "casa". Por ello, como utilizamos
la expresión "casa", he empleado la
disciplina del maestro carpintero como
metáfora.
La palabra
carpintero se escribe con caracteres
que significan "gran pericia" o "gran
maestro". Puesto que la ciencia de las
artes marciales implica una gran habilidad
y una planificación con maestría, la
describo en términos comparativos a
la carpintería.
Si queréis
aprender la ciencia de las artes marciales,
reflexionad sobre éste libro; dejad
que el maestro sea la aguja, el discípulo
el hilo y practicad sin descanso.
La
comparación entre la ciencia de las
artes marciales y la carpintería
Como el
maestro carpintero es el director y
organizador general de los carpinteros,
su obligación de maestro carpintero
es comprender las leyes del país, averiguar
las normas de cada localidad y atender
a las regulaciones del propio establecimiento
carpintero.
El maestro
carpintero, por conocer las medidas
y dibujos de toda clase de estructuras,
emplea gente. A este respecto, el maestro
carpintero es lo mismo que el maestro
guerrero.
Al escoger
la madera para construir una casa, la
que es recta, está libre de nudos y
tiene un buen aspecto puede ser utilizada
como columna. La que tiene algunos nudos,
y no es recta ni fuerte, puede ser utilizada
como columna trasera. La que es algo
débil, pero no tiene nudos y parece
buena, es utilizada de diversas formas
para construir umbrales, dinteles y
biombos. La que tiene nudos y está retorcida,
pero, sin embargo, es fuerte, se utiliza
teniendo en cuenta la existencia de
dichos elementos de la casa. Entonces
ésta durará mucho tiempo.
Incluso
la madera con nudos, retorcida y no
muy fuerte puede ser utilizada como
andamio, y posteriormente utilizada
como leña.
Cuando el
maestro carpintero dirige a los obreros,
conoce sus diversos niveles de capacidad
y les asigna las tareas apropiadas.
Algunos son dedicados a construir el
suelo, otros a las puertas y biombos,
algunos a los pórticos, dinteles, techos,
etc. Al que no está cualificado le pone
a entarimar y a los aún menos cualificados
a fabricar cuñas. Cuando el maestro
carpintero ejerce el discernimiento
en la asignación de tareas, el trabajo
progresa sin dificultad.
La eficacia
y el progreso continuo, la prudencia
en todos los asuntos, el reconocimiento
del verdadero valor de los diferentes
niveles de moral, instalación de la
confianza y la toma en consideración
de lo que puede ser razonablemente esperado
y lo que no, todo esto son asuntos que
tiene presentes el maestro carpintero.
El principio de las artes marciales
es exactamente igual.
La
ciencia de las artes marciales
Hablando
en términos de carpintería, los soldados
afilan sus herramientas, fabrican diversos
utensilios útiles y los guardan en sus
cajas respectivas. Con las instrucciones
del maestro carpintero, tallan las columnas
y las vigas con hachas, cepillan los
suelos y las repisas con garlopas e
incluso esculpen enrejados y bajorrelieves.
Asegurándose de que las medidas son
correctas, hacen lo necesario para que
las tareas se ejecuten de una manera
eficaz; ésta es la norma de la carpintería.
Cuando uno ha desarrollado el conocimiento
práctico de todas las capacidades de
esta técnica, puede más adelante convertirse
en maestro carpintero.
Para los
carpinteros, un hábito esencial es tener
afiladas sus herramientas y mantenerlas
a punto. Corresponde al carpintero utilizar
dichas herramientas con maestría, haciendo
incluso objetos como templos en miniatura,
estanterías, mesas, pies de lámpara,
planchas para cortar tapaderas. Ser
un soldado es igual. Debería reflexionarse
sobre esto atentamente.
Los logros
que un carpintero debe realizar consisten
en evitar las sinuosidades, hacer que
las junturas ajusten bien entre ellas,
una planificación experta, evitar las
raspaduras y cuidar que no haya deformaciones
posteriores.
Si queréis
aprender esta ciencia, tomad en serio
todo lo que escribo y reflexionad sobre
ello cuidadosamente.
Sobre
la composición de este libro en cinco
manuscritos
Distinguiendo
cinco campos, para explicar sus principios
en secciones individuales, he escrito
este libro en cinco manuscritos, titulado
Tierra, Agua, Fuego, Aire y Vacío.
En el Manuscrito
de la Tierra puede encontrarse una descripción
de la ciencia de las artes marciales,
el análisis de mi propia escuela. La
verdadera ciencia no puede alcanzarse
simplemente mediante el dominio de la
esgrima. Conociendo lo pequeño por medio
de lo grande, uno va de lo superficial
a lo profundo. Como un camino recto
nivela el contorno de la tierra, llamo
al primero el Manuscrito de la Tierra.
El segundo
es el Manuscrito del Agua. Tomando el
agua como punto esencial de referencia,
uno hace que la mente sea fluida. El
agua se adapta a la forma de la vasija,
ya sea cuadrada o redonda; puede ser
una gota y también puede ser un océano.
El agua tiene el color de un estanque
profundo de aguamarina. A causa de la
pureza del agua, escribo sobre mi propia
escuela en este manuscrito.
Alcanzar
cierto discernimiento sobre los principios
del dominio de la esgrima y, por tanto,
poder derrotar a un adversario a voluntad,
equivale a ser capaz de derrotar a cualquiera
en el mundo. El espíritu de victoria
sobre los demás es el mismo, aunque
se trate de miles o de decenas de miles
de adversarios.
La ciencia
militar de los oficiales consiste en
construir la amplia escala desde la
pequeña escala, lo mismo que se hace
con una gran estatua partiendo de un
modelo en miniatura. Esos asuntos son
imposibles de escribir en detalle; conocer
miles de cosas a través de una sola
cosa es un principio de la ciencia militar.
Escribo sobre mi propia escuela en este
Manuscrito del Agua.
El tercero
es el Manuscrito del Fuego. En este
manuscrito escribo sobre la batalla.
El fuego puede ser grande o pequeño,
y tiene un sentido de violencia, así
pues, en él escribo sobre los asuntos
de la batalla. La forma de combatir
es la misma, ya se trate de una batalla
entre dos individuos o una batalla entre
dos ejércitos. Debéis observar reflexivamente,
con una conciencia global de toda la
escena, así como una atención precisa
a los pequeños detalles.
La amplia
escala es fácil de ver, la pequeña escala
es difícil de ver. Para ser concreto,
es imposible invertir la dirección de
un gran grupo de personas de una vez,
mientras que la pequeña escala es difícil
de conocer, porque en el caso de un
individuo existe sola una voluntad implicada
y pueden hacerse cambios rápidamente.
Esto debe de ser considerado cuidadosamente.
Como los
asuntos de este Manuscrito del Fuego
son cosas que suceden en un instante,
en las artes marciales es esencial practicar
diariamente para lograr familiarizarse
con ellas, tratándolas como asuntos
ordinarios, de forma que la mente permanezca
inmutable. Escribo sobre la lucha en
la batalla en este Manuscrito del Fuego.
El cuarto
es el Manuscrito del Aire. La razón
por la que llamo a este manuscrito el
Manuscrito del Aire es porque no trata
de mi propia escuela; es aquí donde
escribo sobre las diversas escuelas
de las artes marciales que existen en
el mundo. En lo que respecta a utilizar
la palabra aire, utilizamos esta palabra
para simbolizar "estilo" o "manera de
ser", al hablar de cosas como el antiguo
estilo, el estilo de nuestro tiempo
y forma de ser de las diversas cosas;
así, aquí escribo definitivamente sobre
las técnicas de las diversas escuelas
de artes marciales que existen en el
mundo. Esto es "aire". A menos que entendáis
realmente a los demás, difícilmente
podréis alcanzar la comprensión de vosotros
mismos.
En la práctica
de cada forma de vida y de cualquier
trabajo, existe un estado de mente del
que se dice que está desviado. Aunque
os esforcéis diligentemente en vuestro
propio camino día tras día, si vuestro
corazón no está de acuerdo con él, aunque
penséis que estáis en el buen camino,
desde el punto de vista de la justicia
y de la verdad, no es un auténtico camino.
Si no seguís un auténtico camino hasta
el final, una pequeña maldad al principio
se convierte en una gran perversión.
Reflexionad sobre esto.
No es de
extrañar que el mundo considere que
las artes marciales consisten sólo en
la esgrima. En lo que respecta a los
principios y tácticas de las artes marciales,
esto no es así en absoluto. Escribo
sobre las otras escuelas en este Manuscrito
del Aire para dar a conocer al mundo
las artes marciales.
En quinto
lugar está el Manuscrito del Vacío.
La razón de que este manuscrito se titule
Vacío es porque, una vez que hablamos
de "vacío", ya no podemos definir las
profundidades interiores en términos
de callejón superficial. Cuando se alcanza
un principio, uno se desapega del principio;
de esta suerte, posee uno una independencia
espontánea en la ciencia de las artes
marciales y, de forma natural, logra
hacer maravillas: discerniendo el ritmo
cuando llega el momento, uno golpea
sin pensar y logra resultados de forma
natural. En esto consiste toda la vía
del vacío. En el Manuscrito del Vacío
he escrito sobre la entrada natural
en la verdadera vía.
Sobre
la denominación de esta escuela individual,
"Escuela de los Dos Sables"
Hablamos
de los sables porque es obligación de
todos los guerreros, tanto oficiales
como soldados, llevar dos sables. Antiguamente
éstos se llamaban tachi y katana,
o el gran sable y el sable; actualmente
se llaman katana y wakizashi;
o sable y arma que se lleva al costado.
No es necesaria una exposición detallada
de los motivos de los guerreros de llevar
dos sables. En Japón, la costumbre de
los guerreros es llevarlos a ambos lados,
tanto si se sabe manejarlos como si
no. He llamado a nuestra escuela, Escuela
de los Dos Sables, para señalar las
ventajas de llevar los dos sables.
En cuanto
a la lanza, la alabarda y otras armas,
se consideran parte del equipo del guerrero.
En nuestra
escuela, lo principal para los principiantes
es practicar la ciencia de empuñar los
sables, el largo en una mano y el corto
en la otra. Cuando la vida de uno está
en peligro, se desea utilizar todas
las armas de que disponemos. Ningún
guerrero querrá morir teniendo sus sables
enfundados; sin embargo, cuando se sostiene
algo en cada mano, es difícil esgrimir
con la misma libertad la izquierda y
la derecha; mi objetivo es que os acostumbréis
a manejar el sable largo con una mano.
Con armas
largas como la lanza y la alabarda,
no existe ninguna elección; pero el
sable largo y el corto son armas que
pueden ser manejadas con una mano.
El problema
de manejar un sable largo con ambas
manos es que no es fácil hacerlo a caballo,
y no es adecuado cuando se corre precipitadamente,
es difícil en un terreno pantanoso,
en campos embarrados, planicies pedregosas,
caminos frecuentados o lugares abarrotados.
Cuando se
tiene un arco o una espada en la mano
izquierda, o cualquier otra arma que
se esté manejando, se puede empuñar
el sable largo con una sola mano; por
ello, manejar el sable largo con ambas
manos no es la auténtica vía.
Cuando es
imposible golpear a muerte utilizando
una sola mano, utilizad entonces las
dos manos para hacerlo. Esto no debería
exigir un gran esfuerzo. La Escuela
de los Dos Sables es un método para
aprender a manejar el sable largo con
una mano; su objetivo es acostumbrar
primero a las personas a manejar el
sable largo con una sola mano.
El sable
largo le parece pesado e inmanejable
a todo el mundo al principio, pero cualquier
cosa es así cuando se empieza: el arco
es difícil de tensar, y es duro de empuñar
la alabarda. En cualquier caso, cuando
os familiarizáis con cada arma, os volvéis
más fuertes con el arco y adquirís la
capacidad de manejar el sable largo.
Así pues, cuando alcanzáis el poder
del método, se hace fácil de manejar.
Blandir
el sable largo con gran velocidad no
es la fórmula correcta, como se aclarará
en la segunda parte, el Manuscrito del
Agua. El sable largo puede ser manejado
en lugares espaciosos, el sable corto
en lugares reducidos; para empezar,
ésta es la idea esencial.
Con nuestra
escuela, uno puede ganar con el sable
largo y también puede ganar con el sable
corto. Por esta razón, no esta determinada
la longitud precisa del sable largo.
La vía de nuestra escuela consiste en
tener el espíritu de obtener la victoria
por ambos medios.
Es mejor
manejar dos sables que un sable largo
cuando se está luchando solo en una
pelea; también es ventajoso cuando se
quieren hacer prisioneros.
Puntos como
éste no requieren ser escritos con detalles
exhaustivos; de cada punto pueden inferirse
miles de cosas. Cuando hayáis obtenido
el dominio de la práctica de la ciencia
de las artes marciales, no habrá nada
que no veáis. Es necesario reflexionar
profunda y cuidadosamente sobre esto.
Sobre el
conocimiento de los principios de las
palabras "artes marciales"
En esta
vía, a alguien que ha aprendido a manejar
el sable largo se le llama habitualmente
maestro de artes marciales. En la profesión
de las artes marciales, alguien que
sabe disparar el arco bien se le llama
arquero, mientras que a alguien que
ha aprendido a utilizar el fusil se
le llama fusilero. Alguien que ha aprendido
a utilizar la lanza se le llama lancero,
mientras que a alguien que ha aprendido
a utilizar la alabarda se le llama alabardero.
Si siguiéramos
este modelo, a uno que ha aprendido
el método del sable debería ser llamado
"hombre de sable largo" y "hombre con
armas al costado". Puesto que el arco,
el fusil, la lanza y la alabarda son
armas de los guerreros, todas ellas
son técnicas de las artes marciales.
Sin embargo, es lógico hablar de artes
marciales con referencia específica
al sable largo. La sociedad y las personas
son mantenidas en orden por los poderes
del sable largo; éste es en consecuencia
el origen de las artes marciales.
Cuando habéis
alcanzado la capacidad para manejar
el sable largo, podéis vencer con una
sola mano a diez hombres. Cuando es
posible vencer a diez hombres con una
sola mano, entonces es posibles vencer
a mil hombres con cien, y a diez mil
con mil. Por ello, en las artes marciales
de nuestra escuela, un hombre es lo
mismo que diez mil; todas las ciencias
de los guerreros, sin excepción, se
llaman artes marciales.
En lo que
se refiere a las vías, son confucianos,
budistas, maestros en el arte del té,
maestros de etiqueta, bailarines, etc.
Estas cosas existen en la vía de los
guerreros. Pero incluso si éstas no
son vuestras vías, si tenéis un amplio
conocimiento de todas ellas, las encontraréis
en todas las cosas. En cualquier caso,
como seres humanos, es esencial para
cada uno de nosotros cultivar y pulir
nuestro camino individual.
Sobre
el conocimiento de las ventajas de las
armas en las artes marciales
Al distinguir
las ventajas de las armas de los guerreros,
descubrimos que, cualquiera que sea
el arma, existe un momento y una situación
en la que ésta es apropiada.
El sable
de corto es principalmente ventajoso
en lugares reducidos, o en sitios estrechos,
cuando estáis muy cerca de vuestro adversario.
El sable largo tiene generalmente usos
apropiados en cualquier situación. La
alabarda parece ser inferior a la lanza
en el campo de batalla. La lanza es
la vanguardia, la alabarda es la retaguardia.
Dado el mismo grado de entrenamiento,
alguien con una lanza tiene un poco
de ventaja.
Tanto la
lanza como la alabarda dependen de las
circunstancias. Ninguna de las dos es
muy útil en acciones con mucha gente.
Ni siquiera son apropiadas para hacer
prisioneros; deben reservarse para el
campo de batalla. Son armas esenciales
en batallas campales. Sin embargo, si
aprendéis a utilizarlas en las salas
de ejercicios, centrando la atención
en pequeños detalles y perdiendo así
el método real, difícilmente podrán
ser adecuadas.
El arco
también se adapta al campo de batalla,
para llevar a cabo cargas y retiradas
estratégicas; es excelente en las batallas
a campo abierto, porque puede dispararse
rápidamente y de inmediato contra las
filas de los lanceros u otros. Sin embargo,
es inadecuado para asediar un castillo
y para situaciones en las que el adversario
se encuentra a más de doscientos metros.
Actualmente,
no sólo el arco, sino también las demás
artes poseen más flores que frutos.
Dichas técnicas son inútiles cuando
se presenta una auténtica necesidad.
Dentro de
las murallas del castillo nada es comparable
al arma de fuego (en 1543 los portugueses
introdujeron las armas de fuego en Japón,
y Musashi nació en 1584) desde que empieza
la batalla. No obstante una vez que
se ha empezado la lucha cuerpo a cuerpo,
aquélla ya no es adecuada.
Una de las
virtudes del arco consiste en que podéis
ver el trazado de las flechas que disparáis,
lo cual es bueno. Parte de lo inadecuado
de un arma de fuego es que no puede
verse la trayectoria de las balas. Habría
que considerar esto con atención.
En cuanto
a los caballos, es esencial que sean
fuertes pero no fogosos.
Hablando
en términos generales de las armas del
guerrero, un caballo debe ser un buen
trotador, sables largo y corto deben
cortar perfectamente, la lanza y la
alabarda deben penetrar profundamente,
y el arco y el arma de fuego deben ser
resistentes y exactos.
No tenéis
que apegaros especialmente a ningún
arma en particular, o a ninguna otra
cosa, esto es importante. El exceso
es lo mismo que la insuficiencia. Sin
limitar a nadie, debéis tener tantas
armas como convenga. Mantener gustos
y aversiones es malo tanto para los
oficiales como para los soldados. El
pensamiento pragmático es esencial.
Sobre
el ritmo de las artes marciales
El ritmo
es algo que existe en todo, pero los
ritmos de las artes marciales en particular
son difíciles de dominar sin ejercitar
la práctica.
El ritmo
se manifiesta en el mundo en cosas como
la danza y la música, las flautas y
los instrumentos de cuerda. Todo esto
son ritmos armoniosos.
En el campo
de las artes marciales existen ritmos
y armonías en el tiro con arco, el tiro
con armas de fuego e incluso en la equitación.
En cualquier arte y en cualquier ciencia
no debe ignorarse el ritmo.
Existe incluso
un ritmo en estar vacío.
En la vida
profesional de un guerrero existen ritmos
para ascender de rango y ritmos para
descender, ritmos de satisfacción y
ritmos de frustración.
En el campo
del comercio existen ritmos para hacerse
rico y ritmos para perder la propia
fortuna.
La armonía
y la falta de armonía en el ritmo se
presenta en todas las formas de vida.
Es imperativo distinguir cuidadosamente
entre los ritmos de la floración y los
ritmos de la decadencia en cada cosa
específica.
Son diversos
los ritmos de las artes marciales. En
primero lugar, conocer los ritmos correctos
y comprender los ritmos erróneos, y
discernir los ritmos apropiados entre
los ritmos grandes y pequeños, lentos
y rápidos. Conocer los ritmos de las
relaciones espaciales y los ritmos de
inversión. Esos asuntos son especialidades
de la ciencia marcial. A menos que entendáis
estos ritmos de inversión, no podréis
confiar en vuestro arte marcial.
La forma
de ganar una batalla según la ciencia
militar es conocer los ritmos de los
adversarios concretos y utilizar los
ritmos que vuestros adversarios no esperan,
produciendo ritmos sin formas a partir
de ritmos de sabiduría.
Con la ciencia
de las artes marciales de nuestra escuela
expuesta previamente se amplía la mente
de forma natural mediante la práctica
diligente día y noche; transmitiéndola
al mundo como una ciencia colectiva
e individual, pongo por escrito por
primera vez estos cinco manuscritos
titulados Tierra, Agua, Fuego, Aire
y Vacío.
Para las
personas que quieran aprender mi ciencia
militar, existen normas para el aprendizaje
de este arte: