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La katana
es un sable japonés (daito), aunque
en Japón esta palabra es usada
genéricamente para englobar a todos
los sables. "Katana" es el kunyomi
(lectura japonesa) del kanji ;
el onyomi (lectura china) es "to"
(pronunciado /to:/).
Se refiere
a un tipo particular de sable de único
filo, curvado, tradicionalmente utilizado
por los samurai. Su tamaño más
frecuente ronda el metro de longitud y
el kilo de peso.
El tipo
de Katana más difundido en la actualidad
es el conocido como "Oda Nobunaga",
en alusión al shogún creador
de dicho modelo, de hoja curva y alrededor
de un metro de longitud total.
Características
Debido
al carácter curvo de su hoja y
a su único filo, la katana debe
ser considerada un sable, antes que una
espada. Como tal, está fundamentalmente
orientada al corte más que a la
estocada. Su curvatura surge de la necesidad
de obtener un corte eficaz cuando se maneja
desde la montura del caballo; la hoja
recta tiende a "empotrarse"
en el momento del corte, mientras que
la curva obtiene siempre un corte tangencial
a la trayectoria del arma y con ello evita
que la katana se quede bloqueada.
La katana
es utilizada primordialmente para cortar
y es frecuentemente considerada una "guillotina
de mano". Se la desenvaina llevando
el filo hacia arriba y se la puede blandir
con una o dos manos (siendo esta última
modalidad la tradicional).
Aunque
el arte del manejo del sable japonés
según su propósito original
ha quedado en la actualidad casi obsoleto,
el kenjutsu ("Técnicas de
Sable") se ha convertido en gendai
budo - un arte marcial moderno. Mientras
que la esencia de su manejo persiste en
el iaido (antiguamente iai jutsu), que
es el arte de "desenvainar cortando"
y kendo ("Vía del Sable")
que es el arte de esgrimir una espada
de bambú conocida como shinai utilizando
como protección una máscara
(Men) y una armadura (Mune). Las viejas
escuelas de espadas koryu aún existen
(Kashima Shinto Ryu, Kashima Shin Ryu,
Katori Shinto Ryu).
Anatomía
Diagrama de una katana indicando todos
sus componentes y su ubicación.
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Diagrama de
una katana indicando todos sus componentes
y su ubicación. |
Hamon:
línea diferencial del temple de
la hoja. Por ejemplo ondulada en el estilo
Notare.
Iori-Muné: tipo
de nervio de la hoja sin rebaje.
Kissaki: punta.
Mei: firma del armero,
normalmente en el Nakago.
Mekugis: pasadores que
sujetan la Tsuka (mango) al Nakago (espiga),
solían ser de madera de bambú.
Mekugi-Ana: agujeros
para los pasadores.
Menuki: aplicaciones
metálicas ornamentales en los laterales
del mango.
Moto-Haba: ancho de la
hoja.
Moto-Kasane: espesor
de la hoja en el Habaki.
Mune: contrafilo.
Nagasa: longitud.
Nakago: espiga, parte
de la hoja que entra en la empuñadura.
Niké: rebaje del
nervio.
Saki-Haba: anchura de
la hoja al comienzo del Kissaki.
Samé: forro de
la Tsuka. Solía ser de piel de
tiburón o raya para evitar el deslizamiento
del Tsuka-Ito.
Sori: curvatura.
Sugata: tipo de hoja.
Tsuba: guarda, rodela.
Solía decorarse con motivos naturales.
Tsuka: mango.
Tsuka-Ito: encordadura
del mango.
Yokote: línea
que separa la punta del resto de la hoja.
Elaboración
y tratamiento
Las
espadas japonesas y otras armas cortantes
eran fabricadas mediante un elaborado
método de calentamiento reiterado,
plegando y martillando el metal. Esta
práctica se originó debido
del uso de metales altamente impuros,
que estando aún al rojo se enfriaban,
se recalentaban y luego se trenzaban.
Al acabar, se cortaba la trenza en trozos,
con cada uno de los cuales se volvía
a fundir una varilla que era pasada por
carbón. El proceso se repetía
varias veces, en cada una de ellas iba
aumentando el porcentaje de carbono hasta
obtener acero. Tras la última trenzada,
se martillaba hasta aplanar. Al tener
una estructura organizada en varas, la
espada poseía gran elasticidad,
por lo que no se quebraba fácilmente.
La curvatura
distintiva de la katana se debe, en parte,
al trato diferencial durante el calentamiento
al que es sometida. Al contrario de gran
parte de las espadas producidas en otros
lugares, los herreros japoneses no endurecen
el sable completo, solamente el lado que
posee filo. El proceso de endurecimiento
hace que la punta del sable se contraiga
menos que el acero sin tratar cuando se
enfría, algo que ayuda al herrero
para establecer la curvatura del sable.
La combinación de un lado duro
y un lado blando de la katana y de otros
sables japoneses es la causa de su resistencia
a pesar de retener un buen filo cortante.
Para
ayudar al manejo de la katana, existe
un tipo de arma llamada bokken, en forma
de katana, pero de madera, cuya aplicación
sirve para perfeccionar el movimiento
de la katana sin ningún tipo de
peligro y así combatir en entrenamientos.
Proceso
de elaboración
El acero usado hoy en día para
la creación de katanas es de aleación
1050, ya que es el que más se asemeja
al usado antiguamente. Los antiguos japoneses
hacían ellos mismos el acero, en
un proceso muy lento en el que cocían
en un horno cerrado distintas capas de
hierro, carbón y material orgánico
durante más de un mes.
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Filo y punta
de una katana |
Gracias
a la tecnología actual, los hornos
se calientan muy rápido y de manera
uniforme, pero antiguamente el simple
hecho de elevar la temperatura de un horno
hasta los 900 grados Celsius que necesita
el acero para fundirse, requería
un mes entero de alimentación continua
con carbón.
El acero
que se utilizaba (y se sigue utilizando)
viene en forma de pequeño ladrillo
rectangular, que es lo que se convertirá
mediante la forja en la hoja de la espada.
Se introduce el ladrillo en el horno hasta
que alcanza el punto de fusión
sin pasarse, porque si no se convierte
en líquido y se pierde el acero.
La finalidad es que esté lo suficientemente
blando como para ser manipulado.
Alcanzada
la temperatura ideal, el ladrillo se golpea
con el martillo, haciéndolo más
fino y alargado. Cuando ha alcanzado el
doble de su longitud original se realiza
una incisión justo en el medio
y se dobla sobre sí mismo hasta
obtener exactamente el mismo ladrillo
original, pero con dos capas de acero
entre sí.
Este
método de doblar el acero sobre
sí mismo se repite de 8 a 12 veces,
obteniendo un ladrillo de acero de la
misma longitud del original, pero con
una cantidad de capas de acero de entre
256 y 4096, unidas entre si.
Éste
es el método que diferencia la
forja de las katanas con la de las espadas
europeas. A pesar de la creencia común,
este proceso no mejora las cualidades
mecánicas del acero, pero sí
tiene varias ventajas, sobre todo respecto
al acero antiguo, mucho más impuro
y carbonatado que el actual (un exceso
de carbón endurece el acero, pero
lo fragiliza como si fuera cristal). Luego
se eliminan las impurezas de carbón,
las burbujas de aire y el exceso de carbono;
y se reparte el carbono homogéneamente
por toda la hoja, eliminando los puntos
débiles.
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Tsuba
de una katana |
En contra
de la creencia popular, a más veces
se doble el acero, no se obtiene uno mejor,
de hecho a partir de las 12 capas la estructura
del acero se debilita. Un acero doblado
20 veces es prácticamente inusable
en combate. Durante este lento y laborioso
proceso el acero se enfría rápidamente,
de modo que debe ser metido en el horno
continuamente para recuperar el punto
de fusión y poder forjarlo.
Así
pues, el ladrillo que se consigue tiene
una cantidad muy baja de carbono (entre
un 1% y un 0.5%) gracias a este doblaje.
Este acero es bastante flexible, lo cual
sirve para absorber golpes y aumentar
la durabilidad en combate, pero es posible
que no sea lo suficientemente duro para
obtener un buen filo. El filo de una katana
debe ser muy duro, de modo que se recurre
a la segunda característica de
éstas: utilizar dos aceros para
la misma hoja.
Para
crear el filo, se utiliza un segundo ladrillo
con menor cantidad de doblajes en su proceso
(de 4 a 5 veces). De este modo se obtiene
un acero más carbonatado, que lo
hace extremadamente duro, aunque más
frágil.
El segundo
ladrillo se corta en trozos que puedan
rodear completamente al primer ladrillo.
Se mete el conjunto en el horno y se lo
golpea sucesivamente hasta llevarlo a
la longitud que se desee (la normal es
de unos 80 cm.).
Para
darle la típica forma de una hoja
de katana, se golpea el rectángulo
hasta obtener unos 0.5 cm. de grosor en
el lomo, y después se golpea la
parte del filo hasta hacerlo extremadamente
fino (de unos pocos milímetros),
de modo que pueda cortar. Esta diferencia
entre la forma de forjar el lomo y el
filo es otra característica de
las katanas. También se le hace
la forma de la punta y la del nakago (la
parte que se inserta en la empuñadura).
Es necesario
ahora templar la hoja recién creada.
El temple consiste en elevar la temperatura
de la hoja hasta el punto de fusión
para después introducirla en agua
fría de modo que se enfríe
rápidamente. Este proceso le da
al acero una dureza extrema. La explicación
es que, al elevar el acero a su punto
de fusión, el carbono "sube"
hasta la superficie y al enfriarse se
mezcla de nuevo con el interior. Sin embargo,
si se enfría extremadamente rápido
(introduciéndolo en agua), el carbón
queda "atrapado" en la superficie,
haciéndolo mucho más duro.
De hecho, el acero queda tan duro que
resulta también bastante frágil,
hecho por el cual es introducido nuevamente
en el horno para liberar parte de la tensión,
de modo que la hoja no resulte tan frágil
como un cristal.
Para
conseguir que el filo resulte extremadamente
duro como para cortar sin mellarse fácilmente,
al tiempo que el lomo sea más flexible
para resistir los golpes que va a recibir,
entra en juego otra de las características
de la katana: el templado diferenciado.
Lo que
se hace es cubrir el lomo con una cantidad
considerable de arcilla y dejar el filo
con una mínima cantidad, o sin
ella. Se calienta todo en el horno y luego
se templa introduciéndolo en agua
fría. El lomo, cubierto con más
arcilla, se enfría mucho más
lentamente que el filo, con lo cual se
consigue un temple duro para el filo y
otro más blando para el lomo. Además
se presencia un efecto elemental: el acero
que más rápidamente se endurece,
"estira" al más blando,
dándole a la hoja su tan característica
curvatura.
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Tsuka
de una katana |
El hamon,
o línea de templado, tan característica
en las katanas, no es sino la zona de
separación entre las distantas
zonas de templado. Como la arcilla se
coloca manualmente, el hamon de cada katana
es completamente único.
Posteriormente
se pule la superficie de la hoja para
darle un aspecto completamente liso y
se inserta el habaki, o frenillo, de la
hoja. Ya sólo resta el lento y
delicado proceso de pulido final. Es lento
porque se va pasando la hoja por sucesivas
piedras cada vez más finas, requeriendo
horas de trabajo por cada centímetro
de la hoja, y delicado porque un pulido
inexperto puede arruinar su simetría.
En este punto se practica el mekugi-ana
(agujero del nakago) donde se insertará
el tope que lo mantendrá fijo en
la empuñadura.
La creación
completa de la hoja suele durar más
de un mes, pero las mejores katanas pueden
tardar hasta un año en ser fabricadas
completamente. La hoja es sólo
el primer paso.
Primero,
se tiene que fabricar la tsuba (guarda
de la hoja). Su construcción es
sencilla, ya que es simplemente hierro
sin forjar, pero el grabado resulta ser
todo un arte. Cuando la katana estaba
enfundada, la tsuba era la parte visible
de la misma, y la que indicaba el estátus
o el carácter de su dueño,
de modo que nuevamente se trata de un
proceso delicado.
Después
se fabrica la tsuka o empuñadura.
Ésta normalmente está hecha
de madera de roble recubierta de piel
de tiburón o de raya, para mejorar
su empuñadura, y por encima se
enrollan de manera cruzada tiras de algodón
o de cuero, que aumentan el agarre y comodidad,
además de darle su típico
aspecto. La hoja se inserta en su interior
y se fija mediante un tope de metal o
de bambú al mekugi-ana.
La saya (funda) se fabrica normalmente
de madera lacada, aunque también
existían las fundas de metal. Tiene
incorporada una tira de 1.8 o 2 metros
de algodón o cuero llamado "sageo",
que se ata al cinturón (obi) del
Hakama y que también puede ser
usada como cuerda auxiliar para sujetar
cosas o para apresar a un enemigo. La
boca de la saya, denominada "Koi-Guchi"
suele llevar un refuerzo de cuerno de
búfalo para evitar el desgaste
por rozamiento con la hoja.
Mitos
Hay muchos alrededor de las espadas japonesas,
el más conocido es que se pliegan
un inmenso número de veces, obteniendo
propiedades mágicas. Nótese
que con cada pliegue se duplica el número
de capas de la katana, siendo esta cantidad
igual a 2 elevado al número de
pliegues realizados.
Mantenimiento
La Katana debe mantenerse limpia y lubricada
para prevenir que el acero se altere o
quiebre. Tanto el sudor como el polvo
afectan la hoja por eso debe hacerse un
mantenimiento periódico. Actualmente
se consiguen en el mercado comùn
los elementos necesarios para conformar
el Kit de limpieza de la Katana.
Estos
kit deben contener: aceite choji, martillo
de metal para desarmar las partes duras
de la katana, bola de polvo (uchiko) no
abrasivo, pliegues de papel de arróz
para limpiar el cuerpo del sable, algunos
kit traen un pequeño envase de
plástico para resguardar papel
de arroz con aceite, generalmente se obtienen
en el mercado dentro de una caja de madera
y son muy llamativos.
Fuente: Wikipedia®
La
Katana Japonesa (otro)
Es
curioso observar cómo esta espiritualidad
ha rodeado al sable desde su propia concepción:
el Kaji (To-Sho) forjador de sables, se
sometía a una dura disciplina de ayuno
y aislamiento, con objeto de purificar
todas sus acciones y lograr de esa manera
una obra sin igual en la que quedarían
impresas las cualidades de su propio carácter.
Existía por tanto, una cierta transmisión
o comunión espiritual entre el artesano
y su creación.
De esta forma, como
en una mágica alquimia, el forjador evocaba
los elementos sagrados, manipulándolos con
sabiduría y erigiéndose como puente de unión
entre los designios divinos y la materialidad
de las formas... Sólo él entre el dragón
de los Cielos y el tigre de la Tierra (Ten
Chi Jin).
Era
así como en el Aire puro de la montaña,
el Kaji mezclaba en proporciones secretas
la Tierra ferruginosa (Tamahagane), sometiéndola
luego al Fuego purificador capaz de liberar
la esencia del mineral más noble, para sumergirlo
finalmente en el Agua que conformaría una
estructura renovada. De la nada, del Vacío
original (Ku), había nacido la hoja del
sable capaz de liberar al guerrero
espiritual (Bushi).
Cuando un proceso escapa
a la mera repetición sistemática y requiere
de la intervención del espíritu de quien
lo realiza, entra por mérito propio en la
clasificación de Arte. Cómo definir sino
algo que se regía por normas tan poéticas
como: "Calentar el acero hasta lograr el
color de la luna en el cielo de junio" o
bien: "Enfriar la hoja en el agua a la temperatura
de un riachuelo en febrero".
Cada
artesano se convertía así en experto de
su propio método de fabricación, dando
lugar a obras irrepetibles, con características
perfectamente identificables, asociadas
para siempre a su firma (Mei), normalmente
escondida bajo la empuñadura del sable
(Tsuka).
Los diferentes tipos de
forja variaban desde los más sencillos,
en los que una capa de acero endurecido
se soldaba lateralmente a otra lámina
de hierro (Suheya), pasando por sistemas
de calidad media en los que el metal más
duro envolvía la lámina más blanda desde
abajo (Kobuse) o desde el lomo superior
(Wariha), hasta llegar a las hojas de
mayor calidad, forjadas combinando hierro
y acero en múltiples capas que suministraban
sus particulares características de elasticidad
y dureza.
Esta doble pletina blanda-dura
para laminación, recibia el nombre de
Kataha. Después, la combinación de esas
láminas se doblaba una y otra vez a golpe
de martillo, forjando así hojas que, en
un espesor reducido, incluían miles de
laminillas originales. Cuando la hoja
final se pulía, dejaba a la vista su configuración
en capas, lo que permitía su catalogación
como si se tratara de los anillos de un
tronco recién cortado. Estas huellas laminares
(Hada) tienen una denominación concreta
según su forma: recta (Masame), madera
(Itame), curvada (Ayasugi) o celular (Mokume).
Una vez laminadas, las mejores
hojas requerían ser endurecidas en las zonas
del filo y de la punta; esto se lograba
introduciendo mayor contenida de carbono
en el acero a través de un proceso de calentamiento
en el lecho de un horno de carbón. Cuando
el porcentaje de carbono era lo suficientemente
elevado, la hoja estaba lista para el temple.
Un buen sable necesitaba
distintos grados de elasticidad y dureza
en las diferentes zonas de la hoja, para
evitar la fragilidad asociada en las áreas
de corte o bloqueo. El problema a resolver
era cómo dosificar adecuadamente el proceso
de templado (elevadas temperaturas y enfriamientos
bruscos) de manera que la gran dureza resultante
se distribuyera correctamente. La solución
se adoptaba en forma de recubrimiento arcilloso
(Sabidoro), con un espesor muy pequeño en
el filo y progresivamente mayor hacia el
dorso de la hoja (Mune), que controlara
los efectos de la temperatura durante los
sucesivos temples. La consecuencia evidente
en la hoja, era una línea perfectamente
definida (Hamon) que ponía de manifiesto
los diferentes grados de cristalización
del acero.
Una posterior operación de
pulido/rectificado permitía eliminar rugosidades
superficiales y corregir angulaciones del
filo en zonas especialmente delicadas, como
la punta (Kisaki).
La última operación podía
incluir la ejecución de grabados ornamentales
con motivos alegóricos, como la "recta espada
de la sabiduria" (símbolo del Kami Fudo
Myo-O) o el nombre en sánscrito de la divinidad
protectora elegida.
En ocasiones, la firma del
artesano se encontraba acompañada por la
de los asesores que certificaban así las
pruebas realizadas con la con la hoja recien
fabricada (Tameshigiri y Suemonogiri) antes
de ser entregados a su destinatario.
El sable quedaba dispuesto,
montado en principio de manera sencilla
en una enpuñadura de madera natural, sin
adornos, a juego con la funda (Shirasaya),
evidenciando así el gran valor de la hoja
frente a cualquier tipo de ornamento externo.
Posteriormente tomaría la
forma definitiva incorporando una guarda
(Tsuba) en fundición de gran calidad artística,
la empuñadura (Tsuka) forrada con piel de
tiburón y seda trenzada, y una funda (Saya)
en madera lacada.
Entre los artesanos más famosos
de las diferentes eras podemos destacar:
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- Amakuni (701 D.C.)
- Yasutsuna (806
D.C.)
- Munechika (987
D.C.)
- Norimune (1206
D.C.)
|
- Yoshimitsu (1264
D.C.)
- Masamune (1288
D.C.)
- Muramasa (1322
D.C.)
- Kanemitsu (1329
D.C.)
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Masamune fue, sin lugar a
dudas, el más genial de todos ellos; Muramasa
vendría en segundo lugar, aunque todas sus
hojas fueron consideradas como portadoras
de desgracias para los dueños.
La denominación de los diferentes
tipos de sables variaba en función de su
forma y longitud; un resumen simplificado
incluiría:
- O Dachi (Jin Tachi):
longitud entre 130-160 cm.; se portaba a
la espalda y su manejo requería una buena
dosis de fuerza.
- Tachi: precursora de
la Katana y de similar longitud: se portaba
con filo hacia abajo.
- Katana: original del
siglo XIV. Utilizada frecuentemente en combinación
con otros sables más cortos. Se llevaba
en la cintura, con el filo hacia arriba.
Longitud 100-120 cm.
- Wakizashi (Kodachi) (Soto): longitud
entre 60-70 cm.; hoja curva para ser manejada
con una sola mano. Se solía llevar en la
cintura, bajo el Katana.
- Tanto (Tanken): con guarda,
de hoja recta o ligeramente curvada (30-35
cm.)
- Aikuchi: longitud 25-30
cm. Sin guarda. Típico en ceremonial Seppuku.

Otra manera de diferenciar
las hojas, esta vez en función de su perfil,
incluye la nomenclatura siguiente:
-
Koshizori: curvatura clásica, cuyo
centro se localiza cerca de la empuñadura.
- Toriizori: el punto central
de curvatura coincide con el centro de la
hoj
- Sakizori: el centro aquí
se desplaza hacia la punta.
- Uchizori: curvatura muy
poco pronunciada (ej: Tanto).
- Muzori: hoja de un solo
filo, totalmente recta; típica de Ninja-
To.
La cultura que se desarrolló
alrededor del sable, alcanzó no sólo los
aspectos meramente técnicos, sino los también
espirituales, creando así modos de vida
diferentes y propiciando la búsqueda del
ser interior a través de la renuncia a uno
mismo (Musha Shugyo).
Es así como detrás de los
dos aspectos básicos del manejo de la Katana:
- Iai
(sistema de desenfundado y corte instantáneo,
anticipándose a la iniciativa del oponente),
y
- Ken Jutsu (esgrima básica
del sable; movimientos de ataque y bloqueo
encaminados a contrarrestar la acción del
adversario), se encuentra todo un respaldo
esotérico, cuya riqueza sobrepasa con diferencia
los aspectos meramente mecánicos antes indicados.
Es la doble faceta presente,
como en tantas otras ocasiones, en diferentes
aspectos en la vida japonesa:
Mientras el lado Omote hace
referencia a todo lo "visible" en el arte
del sable, sus técnicas y movimientos, el
lado Ura hace mención a la espiritualidad
que ilumina el camino (Do) del guerrero.
La asimilación del sable
como ente completo (nuestro propio ser)
permite identificar en él los dos aspectos
básicos: material y espiritual, cuerpo y
alma, funda y hoja. Del mismo modo, fue
la tradición la que convirtió en forjadores
de almas (que no de armas) a los que fueron
artesanos del sable con demostradas cualidades
morales.
Cuando practicamos los movimientos
básicos con Katana debemos ser capaces de
"ver a través de ellos". En el NUki Kuri
Kata (forma de desenfundar) es necesario
experimentar el sentimiento profundo que
acompaña al contínuo ir y venir de nuestro
sable.
Por ello se dice que en el
hecho de extraer la Katana del saya, hay
algo más que un mero gesto defensivo...
al descubrir la hoja destapamos también
nuestra intimidad más profunda (kokoro).
Es un acto de sinceridad completa, de búsqueda
hacia el interior, de reconocimiento total
del Ser que vive en nosotros mismos.
Al desenfundar su sable,
el practicante coloca ante sí todos aquellos
aspectos negativos que oscurecen su propio
Yo, y en ese primer corte al vacío (Nuki
Tsuke) trata de abatirlos, de purificarlos
con la intención enfocada en un solo objetivo...Ha
logrado así identificar a su verdadero Adversario
y luchará contra él cada día, en cada movimiento,
una y otra vez, hasta que ese combate interior,
como de la alquimia de una forja, renazca
el Ser Universal que coexiste en nosotros
desde el principio de los tiempos.
Así poco a poco, vamos entrando
en el sentimiento oculto de cada movimiento,
logrando de esta manera un paralelismo ideal
en el desarrollo de los dos aspectos básicos
de nuestra naturaleza: el "Yo" (lectura
japonesa de "Yang", principio activo del
Taoísmo chino) más expresivo de nuestro
cuerpo físico, unido al "In" (lectura japonesa
de "Yin", principio pasivo del taoísmo)
potenciador de nuestras cualidades espirituales.
En cada gesto, como en la
propia vida, asumimos la grave responsabilidad
en las consecuencias de nuestros actos.
En la realidad del Furi Kabute,
por ejemplo, queda patente el dramatismo
de una decisión que implica continuar hasta
el movimiento final (Kiri Tsuke); elevamos
el arma hacia el cielo, a la par que el
espíritu, a través de nuestra mirada, sigue
fijo en el suelo, en un intento de aunar
las fuerzas celestes (Yo) con las fuerzas
terrestres (In), pero conservando la entera
capacidad decisoria del momento (Ten Chi
Jin: "El hombre entre el cielo y la tierra").
Pero es quizá el espíritu
de desapego Mushin (Mushotoku) lo que adquiere
mayor presencia en todo momento. Es como si
el propio sable intentara cortar todos esos
hermosos lazos que nos unen a lo terrenal
y que se convierten también en pesado lastre
dentro de nuestro camino de ascensión hacia
lo Eterno. Son tan fuertes que parece como
si el movimiento enérgico de nuestros brazos
y el filo de nuestro sable fueran incapaces
de asestar ese "Kiri" definitivo... Es tan
difícil encontrar la "vía del medio", que
cada día iniciamos de nuevo el combate y soñamos
salir vencedores de una batalla en la que
al despertar nos veremos obligados, como tantas
y tantas veces, a recoger los despojos de
nuestra sinceridad.
Este
es nuestro duelo cotidiano, en el que el
feroz adverdario se viste con nuestros propios
ropajes, y se mira en el espejo de nuestro
corazón. Así morimos y renacemos una y otra
vez, tratando de ver en cada amanecer la
Luz que no se apaga...
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